Manos vacías 

Soy una vez más el niño que volvía con las manos vacías, que se había quedado sin libros 

Porque se habían acabado.

Y a pesar de que llevaba el dinero tenía que volver a mi sitio, a mi pupitre…, con las manos vacías.
Sin el esperado mundo de ilusión al que me asomaba en aquellos libros de texto.

Aquel mundo, entonces tan lejano, tan inalcanzable.

Con el dinero, inútil, en el bolsillo y tristeza al borde de los ojos.

Y ahora, una vez más me he quedado con las manos vacías… para siempre.

Porque ya nada va a poder llenarlas.

No quieren darse cuenta de todo lo que he perdido…, o no saben darse cuenta.
No me pueden quitar nada más porque nada más tengo, nada que importe.

Ya nada me puede hacer más daño.

Pero, ¿cómo se puede vivir sin ilusiones?

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